Capítulo 50

Mientras esperábamos sentados en las bancas amarillas del Efecty que quedaba a una cuadra de mi edificio para hacer el envío del paquete, mis manos sudaban mientras se entrelazaban estresadas e impacientes.

Adam veía con curiosidad cómo el viejo abanico pegado en la pared era incapaz de amortiguar el incesante calor que hacía en el pequeño local, cuestionando lo infeliz que sería si tuviera que trabajar en un lugar como aquel. Comparaba los lugares que debía visitar cuando se encontraba conmigo
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