Victoria
Estocolmo, Suecia.
Llegamos a casa de George, y todo fue felicidad. Él se veía más delgado, sus oscuras líneas debajo de sus ojos, señal de que no estaba descansando lo suficiente, me dio esa fuerza para quedarme, de alejar la culpa que me invadía y darme una oportunidad definitiva por el tiempo que sea que George me lo permitiera, y aunque insistiera alejarnos de él, me aferraría contra todo para evitarlo.
— ¿Qué piensas? —preguntó pillándome por sorpresa, estábamos viendo la exposic