George
Estocolmo, Suecia.
— ¿Cómo te sientes? —preguntó mi padre cuando tiró del pequeño banco para sentarse a mi lado, puso su mano en mi cabello y lo revolvió, un gesto que hacía cuando era un niño. Le sonreí débilmente cargado aun de bastante sueño, las pastillas me habían tranquilizado el dolor que estaba apareciendo.
—Bien, —le contesté dando un apretón en su mano que descansaba en el brazo del sillón donde estaba yo sentado. — ¿Qué tal el viaje?
—Bien, dejé indicaciones en la empresa, tu