Albert Western
Mis manos se aferraron a la parte de atrás de la silla de ruedas motorizada, escuché hablar a Hilary de algo acerca de no dejar que el personal de nuestra casa abusen de mi confianza, que me paso de buena gente y que podrían aprovecharse de mi buen corazón.
—Sí, cariño. —respondí al detenernos frente a nuestra habitación. —Vendré por ti como cada cumpleaños para ir a ver el amanecer, ¿Estás segura que no quieres cenar algo? Yo mismo lo prepararé.
—No tengo hambre, amor. —abrí la