Capítulo 110.

—¡Vamos, sal del auto! —la voz rasposa del hombre llegó a los oídos de la muchacha, quien se encontraba sumergida en un profundo pozo de dudas y miedos, sus pensamientos parecían poseer la propia capacidad de paralizar cada intento de ella por moverse, temblorosos los ojos, así como los labios tenía, verlo de aquella forma le resultaba particularmente aterrador, con sangre deslizándose de manera lenta por su rostro, sangre manchando

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