Tal vez fue mi instinto, la reacción natural de mi cuerpo al ser besado por el hombre que tanto quería.
O tal vez fue una costumbre, nacida de tantos besos compartidos en nuestra juventud, o desde que nos reencontramos.
Cualquiera sea la razón, cuando Nicolás me besó, todo mi cuerpo pareció cobrar vida. Como si estos últimos días desde nuestra separación hubiera estado atrapada en una especie de éxtasis. Me habían mantenido en hielo, fría y sola.
Ahora, Nicolás me dio una nueva vida.