Pero Julián lo sabría, porque él estaba allí.
En otra vida, estar cerca de Nicolás me habría dado motivos suficientes para querer quedarme.
Pero él había dejado claro sus sentimientos hacia mí. Y yo tenía otras prioridades.
Mi mirada se deslizó hacia Elva, jugando con sus muñecas a los pies de la cama.
“No quiero jugar a las casitas”, dije. “Tampoco quiero participar en este juego de socavar a los nobles y perseguir a los príncipes”.
Había estado alejada de la nobleza durante mucho tiempo,