Katya se zafó del agarre de Egan y, sin decir nada, se encaminó hasta que Artem. Cuando estuvo tras él, dejó caer la prueba de paternidad en la arena. Artem apenas y giró su rostro para ver la hoja a su lado. Parecía indiferente al principio, pero cuando la leyó durante unos segundos, él levantó su rostro hacia Katya con sorpresa.
– ¿Tú? –Le preguntó a Katya–. Eso no tiene sentido, ¿cómo…? –Y en su rostro, Artem llegó él mismo a la conclusión. Sus mejillas arrugadas se tiñeron de rojo–. Claro q