6° No te conozco...
-Así que me vas a rechazar.
-¿Qué?
Mirándolo con curiosidad, me quedo pensando en qué estará cruzando por su mente. Su rostro parece muy obscuro, sobre todo por las sombras que lo marcan por el sitio donde se ha puesto y por estar con la cabeza inclinada, mirando hacia el suelo.
Mis ojos lo recorren entero y me quedo un par de segundos más en su cadera, de donde aún cuelga la manta que me hizo mi abuela. Dios mío, todavía con ella cubriendo la mitad inferior de su cuerpo, no es posible ocultar