En cuanto Odette y yo llegamos al salón de baile del hotel, llamamos inmediatamente la atención de todos los presentes. Los vestidos diseñados por mi madre, Satini D'Auvergne Bretonne, eran sencillamente los más bonitos del lugar. Y ella, la diseñadora, no se quedaba atrás con su vestido de gala blanco y negro.
En las pequeñas mesas redondas cabían cuatro personas. Las familias se sentaron muy juntas y Odette ocupó su lugar con nosotros.
- ¡Estás muy guapa, Odette! - felicitó mi padre a mi amig