Samantha observa a Adam como si él fuera un fantasma. En su mente, se debate si reclamarle o dejar todo tal cual, y con lo último, cerrar ese capítulo de su vida.
Quizás lo mejor es olvidar el pasado y quedar en buenos términos con su jefe; sin embargo, no puede fingir que todo ha quedado aclarado y concluido, dado que ella aún lo quiere.
—Adam, déjame entender lo que me estás diciendo —habla, después de un largo rato en silencio—. ¿Hiciste todo ese drama por un estúpido beso? Y ni siquiera fue