Samantha mira el atractivo perfil de Adam, quien tiene su atención puesta en la gran pantalla del cine.
Ella, en vez de ver la película, se entretiene con los reflejos de luz que acaricia parte del rostro y cuello de su amigo, que de manera intermitente son alumbrados.
Samantha se relame los labios y esboza un suspiro de resignación, al recordar las palabras de aquellas chicas que la ofendieron sin ninguna razón.
«Nunca volveré a sentir sus labios sobre los míos», se lamenta en sus pensamientos