En el momento que Jacob me tomó de las piernas para abrirlas empecé a luchar, toda mi ropa quedó desgarrada en las manos de este tipo y miré mi bolso entonces lo tomé, sin dudarlo le di un golpe en la cabeza que me dió el tiempo necesario para sacar el llavero de defensa personal y le rocie gas pimienta que logró dejarlo ciego por un momento. Salí corriendo, no me importaba mi ropa en destrozos y el labio reventado que tenía; subí en mi carro y fui a la casa, mi sitio seguro.
— ¡Jesse! — grité