Capítulo 70: Promesas en el alba.
Fulgores prohibidos, apasionadas caricias, y agitaciones silenciosas, se quedaban encerradas en aquella habitación. Los botones de rosa estaban erizados, como erizada estaba su blanca piel que rosaba con aquella besada por el sol, del único hombre al que había amado. Los placeres secretos en medio de la noche, se compartían entre besos cándidos que llevaban a dos almas a fundirse en una sola, y, sin palabras, transmitían todo aquello que el agitado corazón sentía en aquella penumbra cálida entr