Capítulo 39: Un sangre sucia.
El frio comenzaba a calar en los huesos tan despiadadamente que parecía que aquella agonía no tendría final. La nieve entraba por aquella pequeña ventana y las crueles brisas invernales se colaban dejándola entumecida sobre aquella raída colcha que sobre el suelo había dejado para ella. Sus dedos comenzaban a verse azulados, estando segura con ello de que había caído en un estado de hipotermia. Y cada uno de sus pensamientos, iba dirigido a Ares Fenrir, aquel Alfa del que ella se había enamorad