Punto de vista de Valentino
Lo primero que sentí fue el aire frío contra mi cara. Lo segundo fue el peso de Leo colgando de mi mano. No podía ver claramente el agua debajo de nosotros, pero no lo necesitaba; la oscuridad de abajo era suficiente para decirme qué pasaría si mis dedos se abrían.
"¡Papá!"
La voz de Leo me sacudió. "¡Estoy aquí!" grité, apretando mi agarre alrededor de su muñeca. "¡Estoy aquí, Leo!" ¡No mires hacia abajo! "¡Pero estoy cayendo!"
"¡Pero estoy cayendo!"
“No, no estás.”