El teléfono se me resbaló de las manos mientras usaba mis últimas fuerzas. Alcancé a escuchar vagamente que alguien pedía que llamaran a un médico con urgencia.
Mi alma se elevó suavemente. Como no podía desprenderme de este mundo ni de ellos, regresé flotando hasta la casa donde alguna vez compartimos nuestras vidas.
Desde allí, como en una pantalla invisible frente a mí, podía ver todo lo que acontecía en el mundo exterior.
Presencié el desconsuelo de mi mejor amiga cuando le informaron de mi