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Cuando salí de la habitación de Leonel, mi corazón estaba dividido entre la felicidad de haber pasado tiempo con él y la preocupación por mi hija, temo ser una mala madre, ella me necesita más. Leonel me aseguró que la niña se había quedado con su tía, ¡qué vergüenza! ¿Qué pensará ella de mí? Estoy segura de que dirá que soy una aprovechada.
Cuando me dirigía hacia allá cuando una de las empleadas de la casa, Catalina, apareció frente a mí con una expresión seria en su rostro.
—Anni, disculpa