—Jefe, lo siento mucho… Por favor, perdónela, es que ella es nueva y no sabe el lugar que no debe pisar —detrás de mí escucho una voz interviniendo, por encima de mis hombros puedo ver que es mi compañera de trabajo, “la pelirroja”, bajo la mirada, estoy a punto de llorar, pero si lo hago seré la mujer dramática y llorona—. No volverá a suceder, se lo prometo y ella también porque es consciente de que necesita el trabajo.
¡El trabajo!
Ella tiene toda la razón, es posible que pierda el trabajo,