Capítulo 16

—¡Estoy bien mi reina hermosa, no me dispares por favor! —Contesté con un brazo arriba.

—¿Por qué no levantas ambos brazos? —Refutó Gianella.

—Amorcito, si quieres que no sea sarcástico, no alimentes mi sátira por favor. —Supliqué con pucheros.

Ella se empezó a reír y me ayudó a levantar, nos dirigimos al primer piso y Alejo estaba nuevamente de espadas, como era típico antes de que llegue me saludó sin voltearse (nunca entenderé eso).

El día pasó como cualquier otro, comimos en
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