–Lo lamento, mi madre le pidió a Iriana que me diera otro dormitorio y está empeñada que no debemos dormir juntos –susurre al entrar a la habitación de Jacob después de esperar a que mi madre se durmiera.
Él dejó su teléfono sobre la mesa y se acercó a mí con una gran sonrisa, me tomó por la cintura, me quedé sin respirar cuando sentí la firmeza con la que lo hizo, sentí su aroma masculino que me encantaba y la calidez de su cercanía.
No te enamores, Rebecca.
Esas eran las palabras que me r