Neah
Sus ojos se posaron en mi mano. Extraños ronquidos salían de él mientras la sangre se deslizaba por delante de su camisa.
Lentamente mira hacia abajo. Como si el tiempo se hubiera detenido para que pudiera procesar lo ocurrido. Sus manos tiemblan al tocarse el pecho, suelta un gruñido y su cuerpo se balancea. Sin pensarlo dos veces, lo empujo desde el techo. Me quedo quieta hasta que escucho su cuerpo golpear el suelo con un crujido ensordecedor.
Me siento, junto mis rodillas al pecho y