Klaus
Brax se queda al teléfono unos minutos más, dándome indicaciones para llegar a Riscos Blancos. Me advierte de que el lugar es invisible a los ojos. Cuando le pregunto cómo puede verlo, me dice que le pagó a una bruja por una poción. El comentario me sorprende, pero sabía que Brax haría lo que quisiera.
Oigo de fondo a una mujer que le dice a Brax que me advierta sobre el río.
“Asumo que escuchaste eso”, murmura él a través del teléfono.
“Sí. Estaré allí lo más pronto que pueda”.
Silbo