Ella no sabe qué decir mientras vuelvo a levantar la cabeza de la regadera. Agarro el gel de ducha y se lo aplico con un masaje mientras ella se recuesta contra mi pecho.
Ella no habla todo el rato que le lavo el pelo y empiezo a preguntarme si la había quebrado.
“¿Raven?”.
“¿Sí?”. Su voz es más aguda de lo normal y tengo que aguantarme la risa que se acumula en mi garganta. Ella todavía estaba en éxtasis.
Pasan treinta minutos antes de que ella parece volver a la normalidad. Sus ojos oscuro