Punto de vista de Aiden
Jeffery me envió un mensaje la mañana de un viernes.
El texto era breve: «Cafetería de la calle Marsh. Mediodía. Si quieres».
Ese «si quieres» lo cambiaba todo. Constituía la frontera invisible entre una orden y una invitación; su propia manera de tender puentes.
Lo conocía desde hacía quince años y sabía a la perfección cómo operaba: breve, sin palabras innecesarias. Con la ambigüedad justa para poder echarse atrás sin perder la dignidad si yo lo rechazaba.
Le respondí: