Punto de vista de Rosalie
El avión aterrizó veinte minutos antes de lo previsto, lo cual recibío como un regalo.
Había dormido cuatro horas en algún punto sobre el Atlántico; el resto del vuelo me la pasé mirando por la ventanilla sin ver nada en realidad. Pensaba en la fiebre de Alessandro, en el libro de cartografía que llevaba en el bolso, en la mujer junto a la ventana en el Louvre y en la galería. En todo lo ocurrido a lo largo de la semana, vivencias que necesitaban acomodarse en el lugar