Punto de vista de Aiden
—Rosie.
Levantó la vista.
—Gracias —dije.
—No me des las gracias.
La miré desde el otro lado de la mesa.
La luz tenue, lo avanzado de la hora, la pasta entre ambos, Alessandro dormido al compás de los suaves sonidos que emitía el monitor de bebés sobre la encimera.
—Lo haré de todos modos —dije.
Se le movió la comisura de los labios.
—Lo sé. Siempre haces lo que te dicen que no hagas.
—No siempre.
—Con más frecuencia de lo que crees —murmuró—. Pasaste tres años convencié