Punto de vista de Rosalie
Alessandro terminó de mamar a la una y cincuenta de la madrugada.
Estaba sentada en la postura para amamantar que había ido perfeccionando a lo largo de tres semanas: la espalda apoyada contra el cabecero de la cama y la lámpara atenuada al mínimo. Había comido con esa intensidad concentrada que le ponía a todo; luego vino el proceso de sacarle los gases y calmarlo, y hacia las dos ya se encontraba en ese estado de somnolencia —sin terminar de dormirse aún— que advertí