Las palabras de Mia seguían resonando en mi cabeza mientras caminaba a mi coche. La verdad había sido brutal. No fue fácil aceptar la cruda verdad, pero debía aceptarla.
En vez de salir del estacionamiento de una vez como suelo hacer, simplemente me siento en mi coche y dejo que las lágrimas caigan. No podría detenerlas ni aunque quisiera. El espacio se llena con los sonidos de mis llantos. Mis sollozos vienen de lo más profundo mientras el peso de todas mis acciones me golpea.
Mi cabeza cae c