Miro hacia abajo, hacia donde está mi pene en su entrada y observo cómo deslizo cada centímetro con un movimiento suave y lento.
“Joder, Ava”, gruño profundamente mientras ella grita en el edredón.
Ella me agarra con tanta fuerza que es un milagro que no me corra tan pronto como estoy dentro. La sensación de ella envuelta a mi alrededor, cálida y suave, es como el cielo y el infierno. Es una de las cosas más ricas que he sentido jamás y sé que esta será la única vez que lo sentiré.
Tiro mis c