NO LO NECESITAS.
NO LO NECESITAS.
―Dime, Erika, ¿cómo sabes que se trata de él? ―Hanna agarró de los hombros a su hermana, y sus ojos se tornaron rojos, era evidente que el nombre de Aleksander provocaba en ella una furia incontrolable.
―Bueno, él estuvo en mi manada ―dijo Erika, balbuceante ―estuvo buscándote.
Hanna la soltó y retrocedió.
― ¿Cómo?
―Sí, así como lo oyes. De hecho… ―Erika dudó un poco en continuar ―me confundió contigo. Pensó que yo era tú y se veía… ―se detuvo, buscando las palabras correctas ―