Gabriela levantó la mano para que se callara.
Necesitó calmarse.
Alberto la ayudó a sentarse en una silla y preguntó, "¿Le ha pasado algo al bebé?"
Las pestañas de Gabriela, colgando hacia abajo, se mojaron en algún momento.
Dijo en voe ronca, "No se lo menciones a mi madre."
Alberto asintió con cautela, "Ya veo, ¿le pasa algo al bebé?"
"Parece que se lo han llevado."
Esa era la esperanza que Gabriela llevaba en el corazón.
Si se lo habían llevado, significaba que seguía vivo.
Mientras estuviera