La caída

Cristóbal ya tenía muchos días que no tocaba a Camill, ella no se lo permitía, lo evadia lo más que podía y se rehuzaba a dormir con él, el pobre Cristóbal no soportaba más no poder acariciarla y dormir abrazado a ella, maldición! lo hace a propósito para torturarme!

La velada transcurrió en completa tranquilidad, en una esquina bebiendo un whisky, Rodrigo Mendoza los observaba, el profundo azul de sus ojos se le había oscurecido, le dolía en el alma ver al miserable de Altamirano abrazar a Cam
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