—Si no levantas tu trasero ahora mismo... me iré sin ti, y olerás como un adolescente que ha hibernado en un saco de dormir durante las últimas diez semanas.
Sasha levantó la cabeza al oír las palabras de Grace. Estaba sentada al final de la cama, con dos toallas rosas en la mano y dos uniformes diferentes. Tenía el pelo desordenado y la cara pálida y manchada.
Tenía un aspecto tan desaliñado que Sasha casi se ríe.
—Sí, sí, sí, lo tengo, pelirroja—, murmuró Sasha, pasándose una mano por el pelo