Mientras Vera observaba las nueve monedas y la formación que componían, su confusión no hacía más que aumentar: nunca antes había obtenido un resultado tan ambiguo en una adivinación.
Cuatro de las nueve monedas estaban alineadas con el nudo de la vida, cuatro con el nudo de la muerte y una permanecía en el centro, donde podía alinearse con ambos.
Naturalmente, los nudos no dependían de cada moneda en sí, sino de si las monedas, al caer, podían formar una única alineación sólida que pudiera in