Matt no era ningún idiota.
Aunque Julien lo tratara con condescendencia, tachándolo a él y a sus magnates criminales de perros salvajes, seguía intentando decirle que él era el único que podía rescatarlo en ese momento.
Además, Matt guardaba tantos secretos sucios que, si no lograba matar a Tanya, otros vendrían a por él.
Pero si antes la muerte era su única salida, las cosas eran diferentes ahora que alguien estaba dispuesto a ‘adoptarlo’, y además era el heredero de la familia Rothschild.