¡Paf!
La bofetada pareció resonar en la oficina de Penny, dejando la marca de una mano en su frente, una imagen casi cómica si se consideraba su porte orgulloso y su piel clara.
Al verla estremecerse de dolor, Charlie sacudió la cabeza y bromeó: “Ah, realmente no eres de las que se contienen, ¿eh?”.
Penny apretó los dientes de dolor, pero pronto miró su palma con incredulidad al darse cuenta de que no estaba muerta.
Además, su mano se estaba hinchando: su palma, antes clara y delicada, se in