Con una sonrisa pervertida en su rostro, Dean gruñó: “Basta de charlas. ¿Por qué no vamos al baño ahora? ¡Te lo mostraré paso a paso para que puedas probarlo de inmediato!”.
“¡Guau!”, se rio la multitud. Un tipo silbó y bromeó: “Jefe, ¿lo vas a hacer a plena luz del día? ¿Puedo probarlo una vez que hayas terminado?”.
“¡Por supuesto, pero déjame revisarlo primero!”. Dean rio entre dientes. “¡Después de que termine, cualquiera que esté interesado puede probarlo!”.
Luego, su expresión se enfurec