Solo fue cuando los mosquitos hematófagos habían volado por encima de la cabeza de Aivan que Charlie le recordó amablemente: "¡Maestro Yaleman, cuidado con esos mosquitos tan grandes!".
Aivan giró inconscientemente la cabeza, pero para entonces, los enormes mosquitos hematófagos ya habían volado frente a él desde una altura.
La primera reacción de Aivan fue de sorpresa, mientras pensaba para sí: ‘¡M*ldita sea! ¡¿Acaso no son mis mosquitos hematófagos?!’.
Su segunda reacción fue de asombro y e