—¡Ay, qué dolor!
Diana se cubrió la frente, y al mismo tiempo tapó parcialmente uno de sus ojos, espiando al hombre frente a ella a través de sus dedos. Valentín se estaba riendo aún más.
Era raro ver a Valentín sonreír. En sus leves recuerdos, aparte de esa sonrisa falsa que le causaba escalofríos, casi siempre mantenía una expresión sombría y distante, difícil de descifrar.
No podía creer que también tuviera un lado algo juguetón.
—¿Qué pasa? ¿Quieres que le pague a Karina por las horas extras