Cuando despertó se percató de que ya había anochecido. Estaba un poco mareado, más que nada aturdido, aunque realmente no recordaba mucho de lo que pasó temprano. Se sentó en la cama y sintió una punzada en la frente, al llevar la mano a ese lugar entendió que tenía una herida.
—¿Cómo te sientes? —su voz lo hizo dar la vuelta. Clarisse estaba al otro lado de la habitación en el sofá de piel con una manta sobre las piernas—. ¿Te duele algo?
—Me duele un poco la cabeza —respondió—. ¿Qué fue lo qu