El pesado y sofocante silencio de la Bóveda de la Armería solo era interrumpido por el sonido de nuestra respiración agitada. Yo seguía sentada a horcajadas sobre Matteo en el frío suelo de mármol, con las rodillas a cada lado de su cintura.
No soltó mi muñeca.
Sus ojos gris tormenta estaban completamente despejados, la locura salvaje totalmente consumida. Bajó la mirada hacia mi palma. El corte profundo y horizontal que me había hecho con la hoja de plata sangraba ahora con lentitud, sangre ro