La pequeña luz roja del terminal de la tarjeta de crédito parpadeó una vez. Dos.
Transacción rechazada: tarjeta robada.
Me quedé mirando la pantalla, la lluvia goteando de mi cabello sobre el mostrador rayado del Motel 6. El recepcionista, un hombre con grasa bajo las uñas y unos ojos que se demoraban demasiado en mi vestido de diseñador rasgado, sonrió con sorna.
—Aquí dice que está robada, cariño —dijo con voz arrastrada, acercándose al teléfono—. La política dice que tengo que llamar a la po