Un decantador de cristal se estrelló contra las puertas reforzadas de la suite del Alfa, el impacto resonando por el pasillo como un disparo.
No me inmuté, pero la mano de Dante cayó instintivamente hacia su arma.
—Ha estado encerrado ahí dentro catorce horas —gruñó Dante, sus ojos ámbar brillando con una mezcla de miedo y frustración. Recorrió el pasillo de un extremo a otro, sus botas de combate hundiéndose en la alfombra mullida—. Se perdió la reunión ejecutiva de la mañana. Se perdió la ins