Abro la puerta y una ráfaga de aire frío me golpea en la cara.
—Eddie, ¿apagaste la calefacción? —Sam pregunta, su voz temblando de frío.
—No, la dejé encendida esta mañana —respondo, sorprendido. Me acerco al termostato y veo que marca veinticinco grados, pero claramente la temperatura en la sala no está ni cerca de eso.
—Voy a llamar al servicio técnico —dice ella, sacando su teléfono con determinación.
La escucho hablar con urgencia mientras marco el número del servicio técnico.
—Hola, tengo