Capítulo 10 — Terremoto magnitud 9.5.
La mañana siguiente se sintió como una victoria clandestina.
Había llegado a casa pasadas las tres de la madrugada, aún con el vestido esmeralda que ahora colgaba en mi armario como un trofeo.
Lo más costoso que alguna vez hubiera colgado allí.
El silencio de la casa era el de siempre, cargado de la absurda normalidad que siempre me ahogaba.
Aún con sueño, me levanté y bajé a la cocina. La escena era la misma; Amira y mi madre pegadas a la tablet, discutiendo los diferentes tonos de blanco y ma