Ethan estaba en su oficina cuando todo comenzó a derrumbarse. La mañana había transcurrido con la rutina habitual: revisar informes financieros, aprobar presupuestos y resolver problemas operativos que solo el director de un imperio como el suyo podía comprender. Nada fuera de lo común… hasta que la puerta se abrió de golpe.
Su asistente, siempre impecable, entró con el rostro desencajado.
—Señor Smith… tiene que ver esto.
Le entregó un periódico doblado por la mitad. Ethan lo tomó sin pensar, p