La guerra no comenzó ese día.
Por poco.
Después de horas de amenazas, tensión y violencia inminente, ambos bandos finalmente se retiraron antes del atardecer.
Pero solo porque Uriel ordenó moderación.
Y porque Damon dudó.
Esa duda me persiguió más que cualquier otra cosa.
Ahora el castillo se sentía inquieto.
Nervioso.
Como si Piedrasangre supiera que la paz no duraría mucho más.
Estaba sola en el balcón de mis habitaciones, mirando fijamente las montañas lejanas mientras el viento frío se enre