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La luz del día se filtraba con timidez cuando Elena llegó a su boutique en una esquina de Manhattan. Acababa de terminar su reunión con Damian y ahora intentaba recuperar la concentración. Al entrar a la boutique, la pequeña campana sobre la puerta tintineó suavemente. El personal la saludó con calidez, y Elena les devolvió el gesto con una sonrisa cansada.
Una vez dentro de su oficina en el segundo piso, apenas había dejado sus bolsos cuando la puerta se abrió de nuevo.
—Señora Elena, tenem