ELINE BALDWIN
Anakin.
El nombre resonaba en mi cabeza como un hechizo y en cierto momento empecé a preguntarme si ese no era el caso, porque aquel hombre tenía ojos de gitano, y eso ni siquiera era lo único increíble que poseía. Ese esclavo también tenía un nombre. No era un capricho de su amo ni una forma de presumir. No. Ese esclavo que tenía cabello y ojos tan especiales también tenía un nombre.
No un nombre inventado para hacer que sus juguetes parecieran más humanos, ni para decorarlo de n